Ginkgo biloba: el fósil viviente que despierta el interés de la ciencia por la memoria
Mucho antes de que aparecieran los seres humanos, el Ginkgo biloba ya formaba parte de los paisajes de la Tierra. Considerado un auténtico fósil viviente, este árbol pertenece a un linaje evolutivo que se remonta aproximadamente 200 millones de años. Su extraordinaria historia lo ha convertido en un símbolo de resistencia y longevidad, pero también en una de las plantas más estudiadas por sus posibles efectos sobre la salud cognitiva y la circulación sanguínea.
Utilizado durante siglos en la Medicina Tradicional China (MTC), el ginkgo ha despertado un creciente interés científico. Sus hojas contienen compuestos bioactivos que podrían intervenir en distintos procesos vasculares y neuronales. Sin embargo, ¿realmente mejora la memoria? ¿Puede prevenir el deterioro cognitivo? La investigación ofrece respuestas interesantes, aunque no siempre coincidentes.
Un árbol milenario con historia medicinal
Originario de China, el Ginkgo biloba es conocido tradicionalmente como Yín Xìng, expresión que significa «albaricoque plateado», en referencia a sus semillas.
En la Medicina Tradicional China, las semillas se han utilizado principalmente en fórmulas relacionadas con el Pulmón y determinadas funciones del Riñón. Por su parte, las hojas han adquirido especial protagonismo en la investigación farmacológica moderna.
Los extractos estandarizados de hoja contienen dos grandes grupos de compuestos:
- Flavonoides: entre ellos, derivados de quercetina, kaempferol e isorhamnetina.
- Lactonas terpénicas: principalmente ginkgólidos y bilobalida.
Estos componentes se investigan por su posible participación en mecanismos relacionados con la microcirculación, el estrés oxidativo y la protección neuronal.
¿Cómo actúa el Ginkgo biloba en el organismo?
La investigación preclínica ha identificado diferentes mecanismos que podrían explicar algunas de las propiedades atribuidas a esta planta.
Circulación sanguínea y salud vascular
Uno de los principales campos de estudio es su posible influencia sobre la circulación y la función de los vasos sanguíneos.
Diversos experimentos de laboratorio han observado que determinados componentes del ginkgo pueden favorecer la relajación vascular mediante mecanismos relacionados con el óxido nítrico y la regulación del calcio en las células musculares.
Estos hallazgos ayudan a comprender su interés farmacológico, aunque los resultados experimentales no garantizan beneficios clínicos en personas.
Acción antioxidante y protección neuronal
Los extractos de ginkgo también se investigan por sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.
Algunos estudios experimentales sugieren que podrían intervenir en procesos relacionados con la reducción del estrés oxidativo, un fenómeno implicado en el daño celular y en diversas enfermedades neurodegenerativas.
Entre los mecanismos estudiados destaca la activación de vías celulares de defensa antioxidante, como Nrf2.
No obstante, demostrar actividad neuroprotectora en laboratorio no equivale a demostrar que el ginkgo prevenga enfermedades neurológicas.

Ginkgo biloba y memoria: ¿qué dice la evidencia científica?
La relación entre el ginkgo y la función cognitiva es uno de los aspectos que más interés ha despertado.
Posibles beneficios en personas con demencia
Algunos ensayos clínicos realizados con el extracto estandarizado EGb 761 han encontrado mejoras en determinadas medidas de rendimiento cognitivo y síntomas neuropsiquiátricos en personas con demencia.
Estos resultados han llevado a investigar su posible utilidad como tratamiento sintomático complementario en determinados pacientes.
Sin embargo, la evidencia continúa siendo heterogénea y los beneficios observados no permiten considerarlo una cura ni un sustituto de los tratamientos médicos establecidos.
¿Mejora la memoria de las personas sanas?
Aquí los resultados son diferentes.
Distintos ensayos clínicos realizados en adultos sin deterioro cognitivo no han demostrado mejoras consistentes en memoria, atención o aprendizaje tras consumir suplementos de ginkgo.
Por tanto, no existe evidencia sólida que justifique recomendar Ginkgo biloba para potenciar la memoria en personas cognitivamente sanas.
¿Puede prevenir el Alzheimer?
Uno de los estudios más relevantes fue el ensayo Ginkgo Evaluation of Memory (GEM), que incluyó a más de 3.000 adultos mayores.
Sus resultados, publicados en 2008, mostraron que el consumo de extracto de ginkgo no redujo la incidencia de demencia durante el seguimiento.
Este hallazgo resulta especialmente importante porque permite distinguir entre investigar posibles beneficios sintomáticos y demostrar una verdadera capacidad preventiva.
Más allá de la memoria: su relación con la circulación periférica
El interés científico por el ginkgo también alcanza a la enfermedad arterial periférica, especialmente cuando aparecen molestias al caminar por una circulación insuficiente.
Algunos estudios han observado pequeñas mejoras en la distancia recorrida, aunque los resultados son variables y su relevancia clínica sigue siendo discutida.
Por ello, su utilización en este ámbito no debe interpretarse como una alternativa a los tratamientos vasculares establecidos.
Precauciones y posibles interacciones
Aunque los extractos estandarizados suelen presentar una tolerabilidad aceptable en los estudios clínicos, Ginkgo biloba no está exento de riesgos.
Debe prestarse especial atención a su posible interacción con medicamentos anticoagulantes y antiagregantes, por el riesgo de hemorragia.
También se recomienda evitar su utilización sin supervisión durante el embarazo y extremar las precauciones en personas con epilepsia o antecedentes de convulsiones.
Además, las semillas no deben confundirse con los extractos estandarizados de hoja, ya que pueden contener sustancias tóxicas.
Una planta milenaria que sigue planteando preguntas
El Ginkgo biloba representa el encuentro entre la tradición medicinal y la investigación científica moderna.
Sus compuestos muestran actividades biológicas interesantes, especialmente en relación con la circulación, el estrés oxidativo y determinados procesos neuronales. Sin embargo, la evidencia clínica obliga a diferenciar entre sus posibles aplicaciones y los beneficios que todavía no han podido demostrarse.
Su mayor valor científico no está en prometer una memoria perfecta, sino en comprender qué efectos puede ofrecer, en qué situaciones y con qué limitaciones.
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